Existen diversas maneras para clasificar a las cervezas, por ejemplo, por los ingredientes utilizados, por su origen, por el grado de alcohol o la más común por su tipo de fermentación. En base a este último concepto se puede clasificar a las cervezas en tres tipos de fermentación: Fermentación espontánea, Baja fermentación y Alta fermentación.
La Fermentación Espontánea se caracteriza porque las levaduras silvestres llegan al mosto trasportados por el aire y entonces se produce la fermentación, la cual puede durar de 2 a 3 años, La Baja Fermentación se caracteriza porque la temperatura en la que se procesa la levadura oscila entre 6° a 9°C y la fermentación se produce en el fondo del fermentador; este tipo de cervezas se les conoce como LAGER y por lo general son cervezas rubias o claras. Por último, la Alta Fermentación, se le conoce así porque la temperatura en la que se trabaja la levadura oscila entre 15° a 20°C y la fermentación se produce en la superficie del mosto; este tipo de cervezas se les conoce como ALES.
Las cervezas Altbier, son del tipo ALES y nacieron en la ciudad alemana de Düsseldorf y tiene una historia que data de hace un poco más de 200 años. El término “alt” significa “viejo” en alemán, y hace referencia a la manera en la que se solía hacer la cerveza en el país europeo.
Antes del auge de algunos estilos de cervezas Lager en la parte sur de Alemania, las fermentaciones Ale eran más comunes. Cuando eso comenzó a cambiar en el siglo XIX, Düsseldorf adoptó algunas de las mejoras tecnológicas, pero se resistió al cambio de fermentación.
Estas cervezas Altbier se procesan a Alta Fermentación y después se condicionan a 10ºC y por último pasan por el proceso de ‘laterización’ a temperaturas frías, lo que ayuda a producir una cerveza limpia y suave. Por lo general, las Altbiers son cervezas bien balanceadas, maltosas, pero amargas, limpias y suaves al paladar. Con un ABV que oscila entre los 4.3 – 5.5% y un nivel de IBU de entre 35 y 50, esta cerveza tiene un sabor característico del que los alemanes se enorgullecen.
Las cervezas artesanas son cervezas sin aditivos ni conservantes y sin pasteurizar. Están vivas y son un producto evolutivo, que cambia cada día un poco, con presencia de levadura viva (visible o no). Se producen mediante un proceso natural a partir del grano, malta, sin utilizar extractos ni productos diferentes del agua, levadura, lúpulo y el cereal para hacer la malta.
El sistema de elaboración consta de cinco etapas básicas: maceración, cocción, enfriamiento, fermentación (la primera en un fermentador y la segunda en la misma botella) y envasado. El proceso artesano tiene que ser un proceso "todo grano" que parte del grano (malteado o no). No se admite ningún tipo de extracto (ni de maltas ni de lúpulos) para la obtención del mosto de la cerveza. Tampoco se admite el uso de aditivos ni coadyuvantes tecnológicos (antioxidantes, conservantes, colorantes, estabilizantes, etc.) sintéticos. En algunas variedades la composición puede incluir también otras materias primeras naturales por aromatizarlas (azúcares, especias, frutas, etc.).
Ingredientes: Agua, Levadura, Lúpulo y Malta
Las aguas duras son mejores para la elaboración de cerveza dado que favorecen la bajada del pH. Además, una correcta concentración de cationes de Ca y de Mg reducen el nivel de turbidez de la cerveza y potencian la actividad de la levadura.
La levadura es el ingrediente que transforma en cerveza el mosto obtenido de la mezcla de la malta, el lúpulo y el agua. Son unos seres vivos unicelulares que se alimentan de los azucares fermentables que provienen del almidón extraídos de la cebada durante la maceración. La levadura convierte estos azucares fermentables en alcohol durante el proceso de fermentación.
La levadura utilizada para ales es la de fermentación altas las que suelen funcionar a temperaturas de entre 18-28 ºC por eso son las más usadas en la fabricación de cerveza casera y artesana.
El lúpulo es un ingrediente esencial para la elaboración de la cerveza. De sus flores convenientemente secadas, se extrae la lupulina, un elemento esencial que aporta el sabor amargo y el aroma característicos de la cerveza.
Además, el lúpulo hace que la espuma de la cerveza sea más estable, ayuda a conservar su frescor y le confiere otras propiedades.
La malta no es más que granos de cereal que han pasado por el proceso de malteado. La malta es el alma de la cerveza, y constituye el segundo ingrediente usado (por cantidad) en el proceso de elaboración, después del agua. La malta aporta los azúcares que posteriormente la levadura fermentará. También es el agente principal que le otorga el color a la cerveza, y uno de los mayores contribuyentes al sabor, el aroma y el cuerpo de la cerveza. Las proteínas de sus granos dan estructura a la espuma, mientras que los minerales que contiene proporcionan muchos de los nutrientes esenciales que necesita la levadura para desarrollarse.
De lejos, además, la cebada malteada es el grano más usado en la elaboración de cerveza. Sin embargo, también se utilizan muchos otros tipos de granos, malteados o no, como el trigo, el maíz, el arroz, el centeno o la avena.
Como identificar una: Cerveza Altbiers:
Aroma: Limpio, robusto y complejo a malta y lúpulos nobles. Limitado con respecto a ésteres frutados. El carácter de la malta refleja el uso de las variedades de malta base alemana. El aroma a lúpulo puede variar de muy bajo a moderado, y puede tener un carácter floral, perfumado o a pimienta asociado con los lúpulos nobles. Sin diacetilo.
Apariencia: Color de ámbar claro o cobre anaranjado a cobre profundo, llegando hasta marrón. Claridad brillante (puede ser filtrada). Espuma blancuzca, espesa, cremosa y persistente.
Sabor: De marcado amargor bien balanceado por un robusto carácter a malta. La presencia a malta está moderada por una atenuación de moderadamente-alta a alta, pero persiste el sabor complejo de la misma. Algunos ésteres frutados pueden sobrevivir al período de estacionamiento. Un acabado persistente, seco, agridulce o a nuez, refleja tanto la complejidad de la malta como el amargor del lúpulo. El sabor a lúpulos nobles puede ser de bajo a moderado. Sin sabores a maltas torradas ni asperezas. Algunas cepas pueden aportar un ligero carácter sulfuroso. Un tenue carácter a minerales puede estar presente, pero no es requerido. El nivel aparente de amargor es a veces tapado por la importante maltosidad; el amargor puede verse como de bajo a moderado si el acabado no es del todo seco.